Toc, toc.
No, no me gusta ese canal. Su imagen suele arrugarse, y me hace recordar que el paso de los años me está esperando a la vuelta de la esquina. Alguien está mirándome desde el fondo de la sala de espera, yo lo sé. Ha estado ahí desde que llegué. Es alguien que nadie más puede ver; algo así como una cámara que los extraterrestres están usando para mirarme y analizar mis movimientos. Es algo que alguien puede sentir cuando escucha la misma canción que yo escucho.
Toc, toc, déjame salir.
No, aún no. Siempre hay alguien mirando, incluso cuando creemos estar solas. Lo sé porque la otra vez mi sombra parecía ser más larga de lo que acostumbro ver. Se esconden bajo una capa de invisibilidad, así como la que sale en Harry Potter. No sé por qué están aquí, pero sé que están, así que mejor quédate adentro hasta que se vayan.
Da la impresión que mientras escucho música se meten en mi cabeza, para ver lo que yo veo y oír lo que yo oigo. Jamás para sentir lo que yo siento, porque les da asco conectar sus nervios corporales a los míos. No por un asunto personal, sino que porque cada uno debería tener acceso solo a sus dolores y malestares, ¿no? Y no es bueno saber cuando el otro quiere vomitar, o tal vez otra cosa. No, se quedan en lo exterior solamente, algo que cualquiera podría captar, pero es diferente cuando se puede sentir que estás dentro e la mente del otro. Pero nunca como yo.
Nunca viéndolo como una casa al borde de un lago, que a veces se congela y otras veces se sofoca.
domingo 27 de marzo de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 pedacitos de vida:
Publicar un comentario en la entrada