martes 4 de enero de 2011

Tiempo


En cuarto básico yo iba en un colegio mixto, pagado y etc. Ese tipo de colegios donde los alumnos -y sobre todos los padres- suelen tener más voz que los mismos profesores. La verdad es que nunca fui una de esas alumnas que resaltaran dentro de lo que era el grupo curso (no hasta sexto básico donde tuve una leve etapa de "rebeldía [?]), ni para bien ni para mal. Tampoco era la tímida del curso, o la que era la amiga de todos y les prestaba lápices cuando les faltaba (porque a mi también se me perdían los lápices todos los días), pero hubo un periodo donde establecí una especie de confianza genial con un profesor de religión.

Desde que llegó supe que era diferente, probablemente protestante... no sé cómo supe eso, si en ese tiempo no tenía el concepto de protestante en mi vocabulario, pero como sea, él era genial. Una vez explicó que tenía sentido la composición biológica de nuestro rostro. Dió una explicación super cuerda de por qué arriba iban los ojos, al medio la nariz y abajo la boca. Recuerdo que dibujó dos rostros en la pizarra y explicó un punto que ahora no recuerdo.

A veces, cuando quería conversar con alguien me paseaba por su oficina y le contaba cualquier estupidez. Sobre todo ese día que se me dio vuelta el termo con sopa sobre la ropa en la hora de almuerzo. Estaba en el apogeo de mis preguntas súper filosóficas como "¿Será que hay una cuota de mala suerte por familia y a mi me tocó toda?"

Creo de que lo sí me acuerdo, es de cuando habló de un niño que siempre jugaba yoyo en clases. No era de nuestro curso, sino que de algún otro. Y el tema es que él le preguntó, uno de esos días, por qué jugaba tanto con el yoyo, y el niño le dijo "para no perder el tiempo". Lo chistoso es que no agregó nada más a la historia, después fue como "ya, pierdan el tiempo".

Y me quedé pensando si realmente el tiempo se pierde. En el sentido de que después tengas que buscarlo o se pierde en el sentido de que se desperdicia. A mí, la mayoría de las veces, se me escapa de las manos, y no sé dónde se esconde. Estaba pensando que quizás es como un yoyo, de repente se va, y después vuelve a mi mano como si fuese algo natural.

Yo no sé si el tiempo realmente se desperdicie, aunque de seguro he sentido que he botado tiempo a la basura, pero no sé si mas adelante lo veré así... Al menos yo creo que no, que todo servirá para algo algún día, quién sabe, tal vez hasta dedicar no sé cuantas horas y días de mi vida en pretender que cortaba el pasto con una maquina podadora de juguete tenga algún sentido alguna vez. Por ahora, la mayoría de las cosas sirven para sacarme una sonrisa cuando las recuerdo.

1 pedacitos de vida:

Danette on 21 de enero de 2011 06:24 dijo...

Fue lindo buscar en mis "favoritos" y haber encontrado tu blog. Linda Lizz, cuídate mucho :)
seguramente fue como uno de esos profesores Marcelo-Jauré que ya nos tocó conocer en la media...
Saludos ! :)

 

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